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La nueva revolución del corazón: Puerto Rico avanza hacia una cardiología menos invasiva

La nueva revolución del corazón: Puerto Rico avanza hacia una cardiología menos invasiva

José E. Maldonado Marrero Por: José E. Maldonado Marrero
November 12, 2025
En EVENTOS
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El acceso radial transforma la atención cardiovascular en la isla, con procedimientos más seguros, hospitalizaciones más cortas y mejores resultados para los pacientes

SAN JUAN. Puerto Rico — Durante la convención anual de la Sociedad Puertorriqueña de Cardiología Intervencional (SPCI), cardiólogos intervencionales de toda la isla coincidieron en que el llamado acceso radial —procedimientos cardíacos realizados a través de la arteria de la muñeca, en lugar del muslo— ha dejado de ser una técnica emergente para convertirse en el método de referencia.

El cambio no es menor. La adopción del acceso radial ha modificado la experiencia del paciente, ha reducido las complicaciones hemorrágicas y ha permitido que cientos de personas en Puerto Rico sean dadas de alta el mismo día de su procedimiento. El país, según los especialistas, vive un punto de inflexión en la práctica cardiovascular.

La transición ha sido posible gracias al trabajo coordinado entre hospitales públicos y privados, programas de formación y compañías biomédicas que apoyan la innovación clínica. Entre ellas, Terumo Interventional Systems, cuya presencia manufacturera y técnica en Puerto Rico ha facilitado la introducción de dispositivos más precisos y menos invasivos.

“Más que tecnología, lo que buscamos es seguridad y consistencia clínica”, explicó Lourdes C. Viera Cruz, directora de Ventas y Mercadeo de Terumo Latinoamérica. “La innovación tiene sentido solo cuando mejora la práctica médica diaria y amplía las opciones terapéuticas del paciente. En ese sentido, Puerto Rico se ha convertido en un referente regional”.

Los pioneros del acceso radial: una revolución silenciosa

El doctor René Pérez, cardiólogo intervencional, recuerda con precisión el momento en que todo cambió. “En 1997 vi a un grupo en Montreal trabajando con el acceso radial y fui allá a aprender. Al regresar, comenzamos a hacer los primeros procedimientos en Puerto Rico con mi colega Humberto Quintana”. En aquellos años, los cardiólogos trabajaban casi exclusivamente por la arteria femoral, lo que implicaba largas horas de recuperación, incomodidad y riesgo de sangrado.

Pérez describe los primeros intentos como una época de ensayo y error: “No había equipos diseñados para esto. Usábamos agujas grandes y material femoral. Fue el doctor Quintana quien gestionó la producción de un sistema específico para el acceso radial. A partir de ahí, todo cambió”. El resultado fue inmediato: pacientes que antes debían permanecer hospitalizados por horas o días comenzaron a levantarse de la mesa y marcharse a casa el mismo día.

El avance técnico redujo las complicaciones y transformó la rutina hospitalaria. “La gente empezó a comentar que no había hematomas ni transfusiones, y eso corrió de boca en boca”, cuenta Pérez. “Con orgullo puedo decir que hoy la mayoría de los cardiólogos en Puerto Rico utiliza la técnica radial. Ver eso me llena de satisfacción”.

Su testimonio también rescata la memoria de Quintana, a quien considera una figura clave. “Era brillante, rápido, innovador. Su impulso fue decisivo. Logró que miles de pacientes recibieran tratamiento seguro, y su legado perdura en cada sala de cateterismo del país”.

Para Pérez, el futuro es prometedor: “La cardiología intervencional tiene un horizonte extraordinario. Las herramientas actuales permiten resolver la mayoría de los casos por vía radial. Los cirujanos siguen siendo esenciales, pero cada vez menos pacientes necesitan cirugía a corazón abierto”.

El relevo de una generación: Dr. Eric J. Carro Jiménez

El doctor Eric Carro Jiménez fue testigo directo de esa transición. “Yo me formé en la Universidad de Puerto Rico entre 2005 y 2008, y tuve el privilegio de aprender de Humberto Quintana y René Pérez, los pioneros del radial”, explicó. Su vínculo con ambos no fue solo clínico, sino académico: Carro fue parte del equipo que documentó los primeros 500 casos de cateterismo radial en la isla, información presentada en el World Congress of Cardiology de Buenos Aires en 2006 y publicada como abstract en Circulation.

“En ese momento todavía muchos eran escépticos”, recordó. “Pero ya teníamos datos sólidos: menos sangrado, menos complicaciones, menos días de hospitalización. En hospitales como San Pablo, donde Quintana trabajaba, ya se daban altas el mismo día. Eso era revolucionario para Puerto Rico”.

Al regresar al país tras su especialización en Los Ángeles, Carro enfrentó resistencia. “Había lugares donde no se practicaba radial y era difícil introducirlo, pero poco a poco fuimos cambiando esa mentalidad”. Destaca que el rol de empresas biomédicas fue crucial: “Terumo apostó por la educación y por mejorar los instrumentos. Pasamos de improvisar con material femoral a contar con guías, introductores y catéteres diseñados para el brazo. Eso hizo toda la diferencia”.

Hoy, Carro observa con orgullo una generación de cardiólogos jóvenes plenamente formados en la técnica. “Antes uno aprendía con un pionero. Ahora todos los fellows entrenan radial desde el primer día. Hemos visto cómo esta práctica salva vidas, reduce costos y mejora la satisfacción de los pacientes”.

El cardiólogo también insiste en la prevención: “Aunque la técnica ha evolucionado, el verdadero reto está en evitar que el paciente llegue al cateterismo. La mitad de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir con buena alimentación, ejercicio y control de los factores de riesgo”.

De la práctica al dominio radial

En el Mayagüez Medical Center, el doctor Héctor Martínez considera que la especialización en procedimientos radiales representa una madurez en la cardiología intervencional. “Lo que comenzó como una alternativa ahora es la regla. Los estudios demuestran que el acceso radial reduce sangrados y acorta las estancias hospitalarias. El paciente lo prefiere y nosotros también”.

Martínez subraya que la tecnología moderna permite ampliar los límites de la intervención. “Ya no hablamos solo de arterias coronarias. Podemos tratar enfermedad periferal y casos complejos con un acceso más cómodo para el paciente”. Para él, la clave está en la integración del conocimiento: “El operador radial requiere precisión, pero también empatía. Hay que pensar en la recuperación, en la calidad de vida posterior”.

El especialista celebra que Puerto Rico esté alineado con los centros más avanzados del mundo. “Antes había que viajar a congresos internacionales para ver estas técnicas. Hoy se presentan aquí, con casos transmitidos en vivo y operadores locales demostrando excelencia”.

Martínez concluye con una mirada a la formación médica: “Nuestros residentes están viendo esto como su nueva normalidad. La cardiología intervencional en Puerto Rico ya no imita; marca pauta”.

Expansión regional y nuevos programas

En el Hospital Pavía de Caguas, el doctor Jaime M. Rivera Babilonia lidera la expansión de los servicios intervencionales. “Estamos desarrollando un programa completo de cateterismos y angiografía coronaria. Ya realizamos entre 20 y 40 procedimientos semanales, el 90% por vía radial”, detalló.

Rivera Babilonia dirige las salas de cateterismo del hospital y enfatiza en la importancia de acercar estos servicios a comunidades fuera del área metropolitana. “Muchos pacientes del centro de la isla no sabían que podían recibir este tratamiento aquí. Ahora lo tienen a su alcance, con equipos modernos y personal entrenado”.

El médico proyecta ampliar el programa para incluir intervenciones con stents y procedimientos más complejos. “El objetivo es ofrecer un servicio 24/7. La demanda existe y tenemos la capacidad técnica. Queremos que ningún paciente tenga que esperar por falta de recursos”.

Sobre la formación de nuevos especialistas, destaca la importancia de la mentoría: “Estamos construyendo equipo. Cada cardiólogo joven que se forma aquí multiplica el alcance del servicio en toda la región”.

Rivera Babilonia resume su misión con una frase simple: “La cardiología intervencional debe ser accesible. No hay razón para que alguien en Caguas o en la montaña tenga que viajar a San Juan para salvar su vida”.

De la teoría a la práctica: visión del Dr. Damián Grovas

En el Centro Cardiovascular de Puerto Rico y el Caribe, el doctor Damián Grovas Abad sostiene que la innovación no solo depende de tecnología, sino de acceso equitativo. “Hoy contamos con materiales más seguros, pero necesitamos fortalecer la rehabilitación y la prevención. Muchos pacientes mejoran tras una intervención, pero no completan su recuperación por falta de cobertura o programas supervisados”, explicó.

Grovas reconoce que los avances técnicos —guías más finas, catéteres más flexibles, sistemas de hemostasia controlada— han hecho del acceso radial un estándar seguro. Sin embargo, advierte que la medicina debe mirar más allá del procedimiento. “Un cateterismo exitoso no es el final. El paciente necesita educación, fisiatría, control de diabetes y colesterol. Si los planes médicos no apoyan eso, perdemos parte del progreso”.

El cardiólogo también elogió el rol manufacturero local: “Puerto Rico tiene una mano de obra precisa, capacitada, que ha hecho posible fabricar equipos con estándares globales. Eso debe seguir fortaleciéndose. La innovación no solo se usa, también se produce aquí”.

Grovas cierra con un mensaje a los jóvenes médicos: “Hay mucho talento en la isla. Esta especialidad tiene futuro si combinamos excelencia técnica con sensibilidad humana”.

La voz de la experiencia clínica

Desde el Hospital Pavía Santurce, el doctor Ismael Ortiz Cartagena confirma que la técnica radial ya domina su práctica. “El acceso radial es ideal para todos: menos riesgo, menos tiempo, menos costo. En infarto agudo, incluso, reduce la mortalidad”, señaló.

Ortiz explica que el cambio ha sido bien recibido por los pacientes. “Cuando les dices que el procedimiento se hace por la muñeca y que se irán a casa ese mismo día, la ansiedad baja de inmediato. Eso también es medicina preventiva”.

En su experiencia, la educación del paciente es clave. “Mucha gente del interior llega tarde por desconocimiento. Necesitamos divulgar que estos tratamientos están disponibles, que no requieren referidos complicados y que salvan vidas”.

El médico apuesta por fortalecer la rehabilitación. “El seguimiento posterior sigue siendo el talón de Aquiles. Un programa supervisado de ejercicio y nutrición puede marcar la diferencia entre un alta exitosa y una recaída”.

La nueva generación intervencional

El doctor Alex Morales, jefe del laboratorio de cateterismo de Auxilio Mutuo y San Pablo, observa que la cardiología puertorriqueña vive una etapa de consolidación. “El 95% de mis casos son radiales. Lo que antes era experimental ahora es el estándar”.

Morales subraya que el avance tecnológico ha sido paralelo al de la formación médica. “Los nuevos especialistas regresan de Estados Unidos con entrenamiento radial completo. La brecha entre lo que se hace allá y lo que hacemos aquí prácticamente desapareció”.

Para el cardiólogo, la cultura alimentaria y la alta incidencia de diabetes siguen siendo desafíos. “El 80% de nuestros pacientes tienen factores de riesgo modificables. El acceso radial mejora el tratamiento, pero la prevención sigue siendo la mejor herramienta”.

Morales resume el momento con una frase que repiten muchos colegas: “Pasamos de copiar técnicas a liderar su aplicación. Puerto Rico está al nivel de cualquier centro de excelencia”.

La técnica desde la sala: Rossy Otero, técnica quirúrgica

Con tres décadas en el Centro Cardiovascular, Rossy Otero ha visto pasar generaciones de médicos y transformaciones tecnológicas. “Las intervenciones radiales vinieron para quedarse. Le dan al paciente comodidad y seguridad”, aseguró.

Desde su posición, Otero describe el cambio en la dinámica hospitalaria. “Antes los pacientes pasaban horas inmóviles, con dolor de espalda o ansiedad. Hoy se levantan en dos horas, caminan y se van a su casa. Eso reduce el estrés y mejora su recuperación”.

La técnica también alivia la carga del personal médico. “Ahorramos tiempo, optimizamos recursos y mantenemos calidad. Tener equipos confiables es fundamental para eso”, explicó.

Otero, que lleva 30 años en quirófano, considera su trabajo una vocación. “Ayudar a un paciente en el momento más vulnerable te cambia la vida. Uno aprende a tratar a cada persona como si fuera un familiar”.

Para ella, el avance tecnológico solo tiene sentido si se traduce en humanidad. “El equipo salva vidas, pero la empatía las transforma. La prevención y la educación siguen siendo esenciales”.

Una práctica consolidada

La Sociedad Puertorriqueña de Cardiología Intervencional (SPCI) agrupa a los principales especialistas en procedimientos mínimamente invasivos del país. Su congreso anual reúne a profesionales locales e internacionales para presentar casos en vivo, estudios clínicos y nuevas técnicas en cardiología intervencional.

En su edición más reciente, el programa científico incluyó sesiones sobre intervenciones coronarias complejas, enfermedad periferal y manejo estructural cardíaco, confirmando que la cardiología puertorriqueña no solo avanza: lidera en innovación clínica y en compromiso con el bienestar del paciente.

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José E. Maldonado Marrero

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