El licenciado Ángel Rivera Martínez analizó en la convención del Colegio de Administradores de Servicios de Salud los costos, los retos demográficos, la transformación digital y la necesidad de acuerdos sostenidos entre aseguradoras y proveedores
FAJARDO, Puerto Rico – En un entorno donde los costos operativos crecen a ritmos insostenibles y la presión regulatoria se intensifica, el futuro financiero del sector salud en Puerto Rico dependerá de la capacidad de sus actores para establecer alianzas estratégicas y compartir información de manera transparente.
Así lo planteó el licenciado Ángel Rivera Martínez durante su presentación Un futuro conectado: El rol de las alianzas estratégicas en el éxito financiero del sector salud, ofrecida en la convención del Colegio de Administradores de Servicios de Salud de Puerto Rico, y durante una entrevista posterior en la que detalló su experiencia y visión sobre el futuro del sistema.
Rivera dividió su análisis en tres panoramas: global, local e institucional. A nivel global, destacó que el gasto en salud crece 4% anual y que en Estados Unidos se invierte un 16% del producto interno bruto en este renglón, con un costo promedio per cápita que supera los $12,000. Detalló que 60% de ese gasto corresponde al manejo de condiciones crónicas, mientras que los retos de equidad de acceso y salud mental continúan sin resolverse.
El especialista explicó que, tras la pandemia, los indicadores de salud mental siguen elevados, agravados en Puerto Rico por desastres como el huracán María y los terremotos. “Son factores acumulativos que no se han resuelto y que impactan directamente la demanda de servicios”, sostuvo.
En el plano local, identificó seis factores que presionan a las instituciones:
- Costos crecientes por tecnologías, equipos especializados y recursos humanos, que se encarecen ante la escasez de profesionales.
- Regulación cada vez más exigente, con nuevas licencias, protocolos y reportes requeridos cada dos o tres meses por agencias como la Administración de Seguros de Salud de Puerto Rico y la Oficina del Comisionado de Seguros.
- Cambios en las expectativas de calidad y experiencia del paciente, que hoy forman parte de los modelos de pago.
- La transformación digital, donde muchos centros aún operan con expedientes clínicos híbridos y los portales de pacientes presentan bajo nivel de uso.
- Comunicación limitada entre proveedores y aseguradoras.
- El cambio demográfico que ha invertido la pirámide poblacional.
Rivera presentó datos que comparan la distribución poblacional de 1960 y 2020. Subrayó que la población infantil se ha reducido y que el segmento mayor de 60 años representa una proporción mucho más alta. “Esto implica más enfermedades crónicas y servicios prolongados. El modelo de atención que teníamos ya no responde a la realidad”, señaló.
En cuanto a la transformación digital, advirtió que, aunque 90% de las instituciones tienen portales de pacientes, solo 42% de los usuarios acceden a ellos. “La brecha no es solo de acceso a la tecnología, sino de adopción. Podemos tener los sistemas, pero si los pacientes y el personal no los usan, la inversión no cumple su propósito”, explicó. Añadió que la falta de integración de big data, inteligencia artificial y modelos predictivos limita la capacidad de planificar y de tomar decisiones basadas en evidencia.
La disparidad en el acceso a datos fue uno de los temas más destacados. Rivera señaló que las aseguradoras tienen más información consolidada sobre poblaciones y riesgos, mientras que los proveedores carecen de datos suficientes. “Esto provoca que sea difícil presentar propuestas o justificar decisiones. La diferencia en la capacidad de análisis es un reto constante”, advirtió.
Durante la entrevista posterior a su presentación, Rivera compartió detalles de su trayectoria profesional, que abarca puestos en aseguradoras del sector comercial, la administración del Plan de Salud del Gobierno –cuando se conocía como Mi Salud y luego Plan Vital–, y grupos médicos afiliados a aseguradoras. “He tenido la oportunidad de trabajar en diferentes momentos clave, incluyendo el único periodo en que una aseguradora administró todo el programa completo, en 2012”, recordó.
Comentó que esa experiencia le permitió observar de primera mano los retos de ambos lados del sistema: aseguradoras y proveedores. “Muchas veces pasamos más tiempo buscando a quién echarle la culpa que sentándonos a trabajar juntos. Eso no nos lleva a ninguna parte”, expresó.
Rivera enfatizó que la relación entre proveedores y aseguradoras sigue siendo compleja. “Cuando los modelos de pago no están alineados, se crea fricción. Por ejemplo, si la medicina primaria se remunera por reducir admisiones, pero los hospitales dependen de los ingresos por volumen, estamos empujando en direcciones opuestas”, afirmó. En ese sentido, propuso que las partes dialoguen para crear modelos de compensación compatibles y medibles.
Consultado sobre el rol de los reguladores, explicó que la fiscalización es necesaria, pero planteó que también se requiere un enfoque más pedagógico. “Muchas veces tenemos miedo de plantear un problema al regulador porque pensamos que nos van a multar. Cuando hay apertura al diálogo, se pueden resolver situaciones con menos recursos y de manera más ágil”, comentó.
Durante su ponencia, presentó tres conceptos como base para cualquier estrategia de colaboración: equilibrio, sostenibilidad y alianzas. Según definió, el equilibrio consiste en mantener armonía entre costos, calidad y acceso, sin incurrir en excesos ni carencias; la sostenibilidad implica planificar pensando en las generaciones futuras; y las alianzas deben concebirse como compromisos formales de largo plazo que generen confianza y claridad sobre los riesgos y beneficios compartidos.
Rivera subrayó que el aumento sostenido de costos, la presión regulatoria y el envejecimiento de la población hacen insostenible mantener estructuras fragmentadas. “Necesitamos más acuerdos formales, no proyectos de corto plazo. Las alianzas estratégicas no son opcionales si queremos que el sistema de salud sea viable”, concluyó.




